Twitter: @JaviVillegas97

miércoles, 21 de enero de 2015

Joven Política.

Cada día me preocupa más el hecho de que el interés por la política entre los jóvenes haya descendido tanto en los últimos años. Cierto es que tenemos muchas distracciones con las que antes no contábamos, pero tal y como expresa Fernando Savater en “Política para Amador”; el que no muestra interés por la política es irremediablemente un idiota, le pese a quien le pese y le duela a quien le duela. También es verdad que la clase política no ha puesto de su parte para levantar interés entre la juventud, aunque sí que es cierto que esta nueva hornada de políticos jóvenes permite comenzar a observar algunos rayos de luz entre la tenue actitud juvenil hacia la actualidad. Pero aún así, la mayoría de jóvenes muestra una animadversión hacia la política tan infundada como perjudicial.

Lamentablemente aquello de sino te interesas por la política alguien decidirá por ti y probablemente contra ti; se cumple en demasiadas ocasiones. Y yo me pregunto dónde están aquellos jóvenes que cataban Al Vent, o que se dejaban la voz pidiendo el sufragio universal,  puede que se nos haya olvidado los esfuerzos que han supuesto la consecución de los derechos que hoy disfrutamos, pero dichos privilegios no se encuentran exentos de obligaciones, y entre ellas en la democracia, se encuentra la de contar con la responsabilidad de participar activamente en las decisiones políticas del Estado. Esto no significa identificarse obligatoriamente con un partido político en concreto, ni mucho menos, pero si que requiere de una actitud de curiosidad de iniciativa, de esperanza en cambiar las cosas a mejor; también de compromiso y de estabilidad, no es rebeldes sin causa lo que buscamos entre la juventud; sino perspectivas de construcción.


Además, probablemente la política no tienda hacia una división realizada por un trazado vertical que divida las ideologías políticas en derechas e izquierdas, sino más bien en una línea horizontal que permita realizar una división entre los que quieren un cambio para mejorar la situación actual y los que por el contrario, prefieren estancarse en lo que ocurre, o cuyas preocupaciones no se alejan más allá del fútbol o de gran hermano (ojo, que como complemente de ocio no lo critico). Pero en cambio, hoy día parece que la única utopía que se construye en la juventud es precisamente la de que se construya una utopía por la que luchar, paradojas.

Continuar.

Hay noticias que nos golpean hasta el punto de abatirnos de tal manera que se nos desencajan todos los esquemas preconcebidos para tratar de aportar una mínima lógica a eso que llaman vida. Cuestiones que logran hacerte replantearte el sentido de lo que ocurre, su justificación, su causa… Hay hechos que escapan a nuestro entendimiento. “Cosas de la vida”, “La vida es así” esas suelen ser las respuestas más habituales, pero realmente hay acontecimientos que carecen de sentido hasta el punto de hacernos dudar de lo poco que creíamos seguro.

No es pesimismo, por desgracia es la realidad, no sé si realmente existirá una razón de ser, un motivo para lo que acontece, pero permítanme dudarlo. Puede que las cosas ocurran por algo, pero al menos hoy ese algo no lo encuentro. Hay que mirar hacia delante supongo, construir, esforzarse y seguir creyendo, aunque se sea ateo. Yo elegí creer en las personas, aunque no elegí nacer sin fe. Pero días como hoy no creo en nada, ni en mí mismo. El entendimiento sólo  es posible en situaciones dibujadas bajo un marco de coherencia, pero hoy ese marco está corrompido por lo absurdo.


Habrá que volver a construir los esquemas, pero con nuevas anotaciones, aunque de momento no se puedan comprender.

jueves, 8 de enero de 2015

Je suis Charlie.

El acto terrorista que atacó ayer la sede de Charlie Hebdo no es únicamente un ataque a la libertad de expresión, sino más bien un ataque a la cultura Occidental,  a nuestro sistema democrático y a los propios Derechos Humanos. Las citadas viñetas pueden ser consideradas más acertadas o menos, pueden calificarse de ofensivas para un creyente musulmán, e incluso pueden ser reprobables jurídicamente.  Ahora bien, el ataque terrorista es tan incoherente e injustificado como lo fue en su  día el atentado de las torres gemelas del 11-S, o como también lo fue  tres años después en  aquellos trenes madrileños que quedaron reducidos a un amasijo de hierros, propiciando que la capital presentara un paisaje bélico del que no existía antecedente en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Actos violentos, pero sobre todo carentes de sentido con el objetivo de cerciorar la cultura occidental, la de que aún con muchos errores y defectos es la que ha logrado construir el mejor sistema de valores, y las instituciones que dotan de mayor libertad a sus ciudadanos. Libertad que ayer les fue arrebatada, acompañada de nuevo, de la muerte de inocentes.

Un atentado terrorista que nos muestra una vez más las consecuencias de un fanatismo religioso exacerbado, que requiere de la codena pública y privada de todos aquellos que estén a favor de la vida, de la libertad de expresión y también de nosotros mismos, como miembros de la sociedad occidental, que una vez más se vio golpeada y zarandeada. Por ello, que hoy el Estado Islámico emita un comunicado calificando de héroes a quienes tomaron la fatal decisión de entrar por la fuerza en la sede parisina, no hace sino evidenciar uno más de los muchos síntomas de enfermedad que muestra hoy día el mundo musulmán radical.

Una vez Alberto Ruiz Gallardón hacía alusión precisamente a un escritor francés, Léon Bloy, diez años después de aquel atentado que vivió desde la alcaldía madrileña que no puede ilustrar mejor el sentimiento de la sociedad francesa, española o norteamericana: “El sufrir pasa, el haber sufrido no pasa jamás”; ya saben, ni perdono ni olvido y hoy Je suis Charlie.



















jueves, 1 de enero de 2015

Bienvenido 2015.

Otro año que echa el cierre, un 2014 que pone punto y final y que arrastra muchos cambios, quizá demasiados para sólo 12 meses. Cambios en política, en deportes, en la sociedad… Ha sido un año curioso, con los altibajos de cualquier otro, pero que será difícil de olvidar por muchas razones, cada uno las que le quiera dar.


Vivimos el décimo aniversario del 11-M, el crecimiento exponencial de un partido del hombre de la coleta, la abdicación del rey, la liga ganada por el Atleti, la Champions por el Madrid en el minuto innombrable, el peor del año. También pudimos ver como El pequeño Nicolás se colaba en nuestros hogares, o como en Cataluña se hacía una consulta/referéndum/encuesta, o como quiera que finalmente se llamase lanzando un órdago soberanista… Y hoy que termina el año, ese 2014 bueno para unos cuantos, malo para otros y normal para la mayoría, sólo puedo, y ya entro en lo personal, dar las gracias a lo que sea o a quien sea por hacer que este año haya merecido la pena; por la personas que han formado parte de él, por los  acontecimientos, por todo. 

Dicen que pensar en exceso es malo, pero aún así poco más se puede pedir al 2015 que lo que nos ha brindado este año, será un año complicado, de cambios, de cosas nuevas, aunque de momento todo sigue igual, mañana saldrá el Sol independientemente de que sea 1 de Enero o 17 de Mayo, porque la vida sigue y también el mundo, pero sí que es cierto que es inevitable recodar hoy  todo lo que ha variado, y todo lo que se ha vivido durante los 365 días, que aunque se hacen cortos (cada vez más según dicen), dan para mucho. Esperemos que el año nuevo nos traiga al menos lo que el 2014, y puestos  a pedir que sea un poco mejor.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

"El mayor premio es compartirlo"

Supongo que  la mayoría de ustedes ya habrán visto el anuncio de la lotería de estas navidades, y aunque la prensa y los críticos ya han utilizado una gran cantidad de adjetivos: lacrimógeno, optimista, irreal… He decido escribir unas líneas para reflexionar acerca del anuncio, y sobre todo de su mensaje.

“El mayor premio es compartirlo”, con ese slogan nace la campaña de la lotería de este año, que en una situación que aún continúa siendo de apuros económicos para gran parte de la población española, hace un llamamiento a esa solidaridad que tenemos, a ese valor que tienen las relaciones humanas por encima de lo económico. Lo reconozco, el anuncio se asemeja más a un cuento de hadas que la vida real, eso es irrefutable; pero a pesar de eso, y aún siendo ateo existen motivos para creer en la Navidad, como acontecimiento social y cultural, en el que todos, independientemente de nuestras creencias, sometemos a cambios nuestras pautas habituales de comportamiento; y no hablo precisamente de poner el Belén, o de montar el árbol de Navidad, me refiero a ese sentimiento de solidaridad, de generosidad que se respira incluso en los centros comerciales agolpados por la necesidad de ligar Navidad y consumismo. No sé si son cosas mías, o que he visto muchas pelis americanas, pero en Navidad, todos somos mejores personas, o al menos no tan malas; el que no se conforma es porque no quiere.

Volviendo al anuncio, quiero decir que aunque la situación que se plantea a simple vista parece utópica, conforme se acerca la Navidad, se me va desdibujando esa primera idea de quimera. El mayor premio, efectivamente, no es que te toque la lotería, sino compartirlo o tener a alguien con quien compartirlo, un hombre infinitamente rico que no cuente con unos lazos sociales que le permitan vivir en un clima de solidaridad, se torna, en cambio, en un hombre infinitamente pobre. Por ello, ojalá que el anuncio de la lotería nos sirva para trasladar un poquito de ese sentimiento de amistad y de unión a nuestra vida, a nuestro día a día.


La felicidad no emana del dinero, sino y en todo caso, de su utilización, y qué mejor manera de darle uso que con aquellos a quienes queremos, perdonen si les suena demasiado remilgado, pero ya saben, la Navidad se acerca.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Destruyendo a Hércules.

Antes que nada quiero aclarar que no soy un gran entendido en cine, ni soy de los que se quedan en vela la noche de los Oscar, y que me encanta Woody Allen, le pese a quien le pese. Ahora bien, sé reconocer una buena película cuando la veo, y hoy quiero hacer una breve crítica de la nueva versión de “Hércules”.

La película según su director y la productora, se enmarca dentro del género de acción y aventuras, aunque más bien, de forma personal lo incluiría en comedia, pero porque como dice el dicho te ríes por no llorar. Hay que tener en cuenta que hacer una adaptación en la que el personaje principal no es otro que Hércules o Heracles, como en verdad debería llamarse, es complicado, pero una cosa es no salirse de lo mediocre y otra caer en lo burdo y en la idiotez, como ocurre en este caso, no cabe lugar a dudas de que Hesíodo se llevaría las manos a la cabeza al ver esto, o sin irnos tan lejos, cualquier amante de la cultura clásica que en algún momento haya tenido un cierto interés por la historia de Hércules.

El largometraje cuenta con un presupuesto de cien millones de dólares, que en comparación con otras películas del supuesto género, se quedan algo atrás, pero desde luego, dan de sobra para hacer las cosas mejor, para empezar por hacer una elección digna de los actores, que desde luego, dejan mucho que desear. El director tiene pretensiones muy elevadas como puede observarse en el mensaje final de la película, tratando de hacer ver que la heroicidad puede estar presente en cualquiera que se supere y esfuerce, algo que no me parece mal, pero claro cuando lo haces así, el héroe no es otro que el que aguanta la película entera sin dormirse. Sé que se es muy crítico con el cine español, yo el primero, puedo contar con los dedos de las manos las películas españolas que me han gustado, pero he de decir que “Ágora” de Amenábar es infinitamente mejor y con la mitad del presupuesto, aunque tampoco me enamora ni mucho menos.

Caso aparte es la actuación de Irina Shayk, quien comentaba en una entrevista que nunca había recibido clases de interpretación, algo que me resulta cuanto menos cómico, ya que los apenas 30 o 40 segundos que aparece en la película (y no trato de exagerar), es capaz de hacerlos cualquiera que no haya subido a un escenario ni para una actuación infantil, y lo digo sin acritud, dejando a un lado mi sentimiento colchonero.


En resumen, la película es mala, parece que está hecha sin ganas y no se la recomendaría a mi peor enemigo, porque cuando alguien sale del cine con el pensamiento de que le han estafado, desde luego el director debería replantearse alguna que otra cosa, pero bueno tal y como decía algún crítico profesional de cine, es una película con más dinero que cerebro.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Ante todo, personas

Yo siempre he tenido una gran cruzada frente a la igualdad de género, aunque a mí me gusta más decir igualdad de posibilidades. Obviamente hombre y mujer no somos iguales (el igual sólo existe en matemáticas, cualquier cosa que sea tangible no es igual a otra). Me he animado he escribir sobre ello por fin gracias a ciertas cosas que han pasado: la elección como sucesora de Emilio Botín a su hija Ana Patricia, y que se vayan a celebrar en los próximos días la fiestas patronales de mi pueblo.

Cuando me enteré el día que murió Botín de que su hija probablemente fuese su sucesora me mantuve escéptica, pensé que algo harían para plantar a un hombre de presidente, siendo aparentemente la más preparada para el cargo una mujer. Me alegré muchísimo de no haber acertado, pensé que el mundo podría estar cambiando. Con esos pensamientos llegué a mi pueblo, dispuesta a pasar unos buenos días. Esta mañana acudía a un acto en el que toman cargo los mayordomos, damas y hermano mayor del año. Este último lee un discurso precioso y emotivo; es un puesto obtenido por sorteo, sobre el cual recae la responsabilidad de organización de los actos litúrgicos de las fiestas del pueblo y sólo puede ser ostentado por un hombre. El acto"central" de las fiestas es la procesión,donde algunos mayordomos y miembros de la junta de la hermandad la organizan, la función de las damas en todo esto es "adornar" al lado de los estandartes, que por supuesto no llevan (sé que pesan bastante pero creo que hay mujeres capacitadas para llevarlos) o acompañando a la imagen yendo al lado del hombre que va empujando la carroza. Peor es el caso de Ciudad Real, capital de la provincia (otro de los grandes problemas de España, pero de ese no voy a hablar ahora), se supone más desarrollada, pero sólo pueden ir acompañando de cerca a la imagen de la patrona hombres.

Personalmente estás cosas me sientan bastante mal y no es porque tenga muchísima devoción a estas imágenes (no son para nada lo más importante, a mí modo de ver) sino porque la mujer, sumisa, acepta tal relegación escudándose bajo la tradición, en el "siempre se ha hecho así". La tradición nunca, nunca, nunca implica que lo que se esté haciendo sea lo más correcto, casi todo debería estar sujeto a revisión y si procede cambio para adaptarse a los tiempos, para hacer efectivo eso que se proclama de boquilla en la sociedad, para pisar tierra; porque el camino se hace al andar.

Supongo que habrá gente que dirá que estos problemas nacen por ser un acto religioso, pero creo que las fiestas son el retrato de nuestra sociedad; al fin y al cabo para muchas personas son un encuentro social, un retorno de unos días a la tierra y no la Exaltación de la Cruz que celebramos. Yo formo parte de la Iglesia, hay cosas en ella que no comparto pero considero más efectivo trabajar desde dentro.

Para terminar, no quiero que piensen que defiendo la superioridad de la mujer sobre el hombre (sería un mal tan grande como el que describo). Simplemente, creo en que desde nuestras capacidades, diversas por supuesto (pero también entre las personas lo son), tengamos todos como personas semejanza de oportunidades desde la que cada uno hará lo que mejor sepa, pueda y quiera hacer. Dejémonos enriquecer por esta diversidad.

En búsqueda de lo complejo.

Puede que sean tonterías mías o que sean cosas que a uno se lo ocurren un día de dormir poco y pensar mucho, pero hay que ver lo tontos que somos y lo que nos gusta complicar lo simple, hasta el punto de joder a los demás o jodernos a nosotros, o a los dos ya que nos ponemos.

No sé si es por aburrimiento, por pasar el rato, porque nos gusta ver sufrir a los demás,  o porque directamente somos o son (como dice el chiste mejor no pluralizar) gilipollas, y perdonen el vulgarismo, pero más de un día a uno le dan ganas de mandar a la mierda a todo y a todos, al menos por un tiempo.

Las cosas no son tan complicadas, y  tendrá gracia que sea yo el que lo diga, pero más de una vez y de dos y de tres, nos apetece tener conflictos, y sino los hay, nos encargamos de crearlos, el caso es quitar la simpleza a las cosas y buscar más y más problemas. Pero lo malo, bueno lo más malo, porque lo malo ya está desde el principio, llega después, cuando igual, que sólo igual nos arrepentimos de ser tan sumamente lelos y empezamos a darnos cuenta de que nos hemos equivocado, pero claro, cómo vamos a admitir ahora ante el bobo de turno (que en realidad resulta ser un amigo de toda la vida) que hemos metido la gamba, parece que nos contagiamos de ese espíritu de orgullo que nadie sabe de dónde ni porqué ha salido y preferimos fastidiar más las cosas que pararnos a pensar, y ceder un poco, que aunque los escépticos no me crean, no enferma.

Ya está bien, a ver si empezamos a pensar un poco más, a querernos más, a nosotros y a los que tenemos y a dejarnos ver por dentro, que la gente transparente tiene mucho ganado. El orgullo mejor lo dejamos para las películas, y lo que si conservamos es la dignidad, que son cosas distintas, pero basta de caprichos y enfados por cuatro estupideces mal hechas o mal dichas; pero en fin, ya saben que cuando el diablo se aburre mata moscas con el rabo.

Busquemos más concordia, más amistad y dejemos que las cosas sean tan simples como son, que son bonitas sin que las compliquemos, a fin de cuentas, no conseguimos nada con tonterías varias que sólo sirven para estropear lo que tenemos, e igual no nos hemos parado a valorar. Recapacitemos sobre lo que hacemos mal, y sobre lo que hacemos a la ligera pero fastidiando a otros, y tengamos el valor de enfrentarnos a ello, de la forma que queramos, pero para mejorarlo, hacer que nuestro día a día sea un poco menos feo.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Las personas y el tiempo.

Ya saben que la inspiración no es mi fuerte, y que muchas veces tengo que recurrir a acontecimientos del día a día para exprimirlos y sacar un artículo, mejor o peor, de donde en verdad no lo hay. Estas líneas no son excepción, y hoy me atrevo a hablar sobre el paso del tiempo, que se dice pronto.

Podría escribir sobre la tecnología, sobre la literatura, sobre las redes sociales… Pero son temas tan amplios y tratados que quizá no sean los más adecuados, prefiero dedicar este artículo a algo más simple, a cómo pueden cambiar las cosas más cotidianas en función del tiempo, no se crean que me voy a remontar mucho atrás, tan sólo un año, trescientos sesenta y cinco días, que parecen mucho pero que en realidad, no son nada. Ya he dicho que este artículo no nace de mí, sino que gracias a una conversación de esas casuales e intrascendentales, surge mi idea, así que gracias a dicha persona y allá voy.

Hace un año las cosas eran muy distintas para todos, no me voy a un extremo dramático como puede ser la pérdida de un ser querido, o al extremo opuesto, hablo de para quienes este año no despunta de la más llana normalidad, y alguno pensará que si es normal no habrán cambiado tantas cosas, la única respuesta que puedo dar ante eso, es que se pare a pensar qué ha variado y verá que se encuentra en un error. Yo mismo he hecho ese ejercicio, y sí efectivamente he encontrado cosas que con el tiempo cambian, pero en verdad, me he dado cuenta de que son las personas las que más cambian, o al menos, de alguna forma, las relaciones que tenemos con ellas.

Nosotros queramos o no, consciente o inconscientemente estamos en continuo cambio, cuando nos equivocamos, cuando descubrimos algo, cada vez que aprendemos cosas nuevas, de alguna u otra manera hay facetas nuestras que no son iguales; no hay un solo día que nos despertemos y vayamos a dormir siendo exactamente la misma persona, el problema viene cuando lo que cambia no son meros detalles de nuestra personalidad, sino cuando nuestra esencia se tambalea y nos atrevemos a construir otra. Es entonces cuando no sólo somos nosotros los que estamos cambiando, sino que a la vez somos injustos con quienes tenían lazos de cualquier tipo con nosotros y cometemos el error de cambiarlos hasta poder romperlos. Hay muchas explicaciones, que no razones, para que alguien tenga el valor de cambiar su esencia, los más comunes: el miedo, la búsqueda de aceptación, el orgullo, el egoísmo… Pero en gran medida si alguien quiere cambiar de esa forma será porque no está contento con lo que tiene, o al menos no lo valora, por lo que allá él con su vida y su futuro, la contrariedad (por llamarlo de alguna forma) recae en aquellos que no han cambiado y ven como poco a poco esa persona se escapa, esclava de sus cambios.

Cuando nos toca ver como alguien cambia  tanto que se va de nuestro lado, a veces podemos plantearnos si es nuestro el error, pero aunque la autocrítica es enormemente positiva, no encuentro una forma mejor de expresar mi opinión que recurriendo a Oscar Wilde, y su frase: “Discúlpeme, no le había reconocido: he cambiado mucho”.  Por ello, cuando alguien cambie y decida cambiar también quien le acompaña, sólo podemos aceptarlo, y esperar, que al fin y al cabo el tiempo, es nuestro amigo más fiel. Eso sí, algunos lazos si se rompen, jamás volverán a formarse con la misma resistencia, no hay peor sentimiento que la decepción, ni peor error que renunciar a quien cambiaría por nosotros.

domingo, 3 de agosto de 2014

La nueva libertad.

Levanta una de sus manos en señal de protesta en mitad de la multitud que la acompaña, rodeada de pancartas, una multitud que presenta su voz como mejor arma, que lucha por conseguir la igualdad, que sueña con acabar con la opresión. Con la otra mano sujeta la de su hermana pequeña, aún inconsciente de lo que la rodea, pero lo suficientemente astuta para contagiarse del sentimiento y la ilusión de los que caminan con ella.

Corre el año 2050, las altas esferas económicas y políticas han ido pasando cada vez a peores manos, recuperando la esclavitud, aboliendo los derechos humanos, dejando a la luz las peores actitudes humanas, floreciendo la desigualdad con la mayor de las libertades, pero es ahora, cuando Lara junto a los que encaminan la ancha avenida dirección al parlamento han decidido no permitir que continúe el apogeo de los que se burlaron de todos los derechos que muchas generaciones anteriores consiguieron.

“Liberté, égalité, fraternité”; lema de la revolución francesa que hoy también es el axioma sobre el que se construyen las protestas, sobre el que se apoyan para buscar esa libertad, igualdad y fraternidad tan utópica como necesaria, un deseo atemporal que debe constituirse como universal para una humanidad marchita. Primero de mayo del 2050, protestas en Paris, Londres, Madrid, Berlín, Nueva York…

El origen de este clima de conflictos e indignación se remonta a décadas atrás, cuando la política fue destapando tramas de corrupción, cuando los conflictos bélicos en Oriente se convirtieron en algo normal, cuando la libertad y los derechos fundamentales fueron robados poco a poco, frente a los ojos de la masa ignorante y manipulada.

Lara nace en el año 2030 en el seno de una familia de alto nivel, su padre empresario de reconocido éxito le permite disfrutar de un nivel de vida que muchos envidian al otro lado de la ciudad, el Manzanares ya no es un río, ahora es una barrera que divide a  ricos y pobres, una barrera con mayor simbolismo que el muro de Berlín, la vida es muy distinta según el lado en que nazcas, el destino puede hacerte caer de uno o de otro, y es sin duda, el factor que más determinará tu vida.


Nacer en el lado de los ricos y poderosos significa una vida de comodidades, mientras que nacer en el otro implica una vida de sacrificios y esfuerzos, de carencias y calamidades. No existe la posibilidad de pasar de un bando al otro, los lazos a una de las clases son mas fuertes que los que ya se levantaron en la época medieval, la igualdad de oportunidades es algo digno de la ciencia ficción. 

viernes, 13 de junio de 2014

Porqué no me engaña Pablo Iglesias.

Más de un millón de personas confiaron su voto en las pasadas elecciones europeas a Podemos, el partido de Pablo Iglesias, quien fue la gran sorpresa de los comicios al lograr cinco escaños en el Parlamento Europeo. No dudo de que existieran votantes que lo escogerían por ideología, carisma o por sus propias convicciones personales, pero la verdad me niego a creer que fueran la mayoría de los que le otorgaron el voto.


Casi unanimidad de los demás grupos parlamentarios describieron el partido como populista, hipócrita, demagogo, y una serie de términos, con razones contundentes pero que se escondían bajo un velo de inseguridad y miedo. Todos estarán de acuerdo, en que Rajoy, Rubalcaba, Rosa Díez o Cayo Lara sentirán una gran envidia de Iglesias, quien no cabe lugar a dudas de que les podría dar más de una clase de oratoria, ahora bien, en política el cómo es muy importante ¿pero qué ocurre con el qué? Los pilares sobre los que se construye el programa de Podemos son utópicos, pero que no conforman una utopía esperanzadora, sino más bien una quimera caótica a la que nos conducirían los planteamientos irresponsables e incoherentes.
No voy a ir analizando punto por punto el programa de Pablo Iglesias, ya que cada uno de ellos puede convertirse en un tedioso debate, pero ¿acaso imaginan una España con un salario máximo, o realmente desean un IVA al 35%?


Algunos contestarán que sí, ofuscados en el mensaje totalitario y oportunista del que se opone a la “casta”, defender una república, unos ideales de izquierda, y unas políticas más abiertas respecto a la inmigración, son ideas comprensibles y lógicas, aunque no se esté de acuerdo con ellas, pero de ahí al prácticamente socialismo utópico que defienden hay una gran diferencia.
Ser demócrata significa aceptar la voluntad popular independientemente de la individual, pero desde luego, también significa estar comprometido con el derecho al voto, y dudo de cuántos se lo otorgarían con sólo conocerle de las tertulias que frecuenta, pero a mí usted no me engaña.


Le he visto recriminar a Marhuenda, o a Alfonso Rojo cuántas matrículas de honor consiguieron durante su licenciatura, yo únicamente le recuerdo una frase de Baltasar Gracián: “Presumir de saber es el primer paso hacia la ignorancia”, las notas son números, y pueden ser un argumento pero desde luego no son una garantía en absoluto. Tampoco lo es que antes de cada tertulia empleé horas en documentarse para realizar la defensa de sus ideales, lo cual elogio, pero repito no me garantiza nada. También le he visto en debates con incluso políticos de izquierda a los que ha recriminado que no conocían que era una revolución, pero Pablo dónde va usted a explicarle a Javier Nart qué es la desobediencia civil. Y así miles y miles de intervenciones subidas de tono y recriminables, como la falta de respeto que protagonizó solicitando la aplicación de la ley de extranjería a la Reina Sofía. También me pregunto qué clase de comunismo defiende usted, cuando su salario ronda los cuarenta euros la hora, me gustaría saber qué pensarían Engels o Trotsky sobre eso.



Usted defiende la independencia del País Vasco y Cataluña, lo que conlleva obviar la Constitución que votaron todos los españoles, su discurso poco a poco va recordando más al “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, podría seguir, pero la verdad creo que es malgastar el tiempo, confío en la democracia como sistema y por ello espero que este país nunca le permita sentarse en el Congreso de los Diputados, y si algún día lo hace, allí estarán los que toquen para enfrentarse a sus ideas y en los cuales confío, ya lo dijo Voltaire: “No comparto lo que dices pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”; eso sí le pido coherencia, integridad y responsabilidad, parece que se le ha olvidado que es político y lo que ello conlleva, luchar contra el bipartidismo está bien pero no a cualquier precio y repito de nuevo, usted a mí ni me engaña ni me va a engañar. 

lunes, 26 de mayo de 2014

Sobre el aborto.

El aborto:
No hace falta irse muy lejos para hacerse oídos de la situación de conflictividad que gira en torno al encabezamiento de este artículo. El gobierno, en especial, el ministro de Justicia Alberto Ruíz Gallardón, han decidido (con dudas internas) penalizar esta práctica que desde el 2005 estaba legalizada en España atendiendo a una serie de plazos que la limitaban  por razones éticas y médicas lógicas.

Desde el punto de vista cristiano es una técnica que debería ser erradicada, si bien es cierto, que si nos paramos a pensar durante unos minutos, caeremos en la cuenta de que el aborto no va a dejar de existir de ninguna forma, pero ello no lo convierte en derecho y mucho menos el “aborto es sagrado” como ciertas asociaciones feministas han tratado de propagar a los cuatro vientos, haciendo lo que comúnmente se llama tirar piedras contra su propio tejado.
Ante esto, la diversidad de opiniones es tal, que ni siquiera la Iglesia Católica se ha podido pronunciar unánimemente al respecto, es un tema complejo, candente y abierto, no existe una verdad, si reflexionamos seremos conscientes de que nadie practica el aborto por gusto, sino que en prácticamente todos los casos se lleva a cabo en una situación dramática de gran complejidad psicológica y de la que ninguno tenemos el derecho (yo inclusive) para hacernos valer por jueces de valores éticos.
Al fin y al cabo, como ya hemos dicho, el aborto seguirá existiendo, otra cuestión es en las situaciones en las que se desarrolle, debido al riesgo que pueda existir a las calamidades que puedan concurrir ante la penalización de éste. Recordemos un poco de historia, trasladémonos a la dictadura franquista donde los mismos que prohibían el aborto enviaban a sus amantes hijas y mujeres a abortar a Londres,  o vayámonos aún más atrás cuando la Biblia cita que tenemos la obligación de defender el bien común, por tanto si estamos provocando unas situaciones de higiene pésimas e incluso privando del aborto a aquellas mujeres que no cuentan con los recursos necesarios para practicarlo en el extranjero (que son la mayoría) estamos yendo en contra del bien común, y es más estamos involucionando.

 Por tanto ¿Hasta qué punto tiene derecho la Iglesia a penalizar una situación extrema? ¿No deberíamos actuar a favor del bien común? 
Reflexionemos sobre estas cuestiones antes de otorgar opiniones infundadas y que se alejan de le realidad.

domingo, 25 de mayo de 2014

Atlético de Madrid.

La cabeza bien alta, ya lo decía el Cholo antes de que acabase el partido, y así es atléticos, la cabeza muy muy alta, hoy y siempre.

No vamos a lucir el trofeo en nuestras vitrinas pero lo tenemos en la cabeza, lo hemos rozado, y aunque no lo hayamos conseguido somos grandes, muy grandes. 

Una temporada para enmarcar, de esas que contaremos a nuestros hijos, a nuestros nietos... Ha sido un año histórico, que no ha culminado con la ansiada champions pero si con una liga (premio a la regularidad) que hemos sido capaces de lograr superando a un Madrid y un Barça con un presupuesto que está a años luz del nuestro, ha quedado demostrado que el dinero no lo puede todo. 

Porque somos un equipo, y digo somos porque incluyo a la afición, esa que aún yendo 3-1 en el marcador a falta de escasos minutos no paraba de cantar el himno, esa que es capaz de llenar un estadio de 55000 espectadores con un equipo en segunda. Porque hemos seguido al cholo, porque animamos hasta al final, porque hemos invadido Stanford Bridge, San Mamés o el Bernabéu.

Y señores ser del atleti, es ser de la vida, ser aficionado de los altibajos que te da la propia experiencia, a veces ganas, otras pierdes. Hace una semana celebrábamos con alegría y hoy toca llorar, pero con la cabeza alta señores, nada de agacharla, somos del atleti y sabemos celebrar y sufrir. No somos el mejor equipo del mundo, pero no creo que nadie nos pueda superar, así que hoy más que nunca digo GRACIAS GRACIAS al destino por haberme hecho del Atleti, por haberme hecho de la vida, no me cabe duda de que Don Luis esté donde esté de sentirá orgulloso de su atleti, y nos diría una de las suyas, me cabe imaginar que quizás sería algo así como: "Señores vayan a la Cibeles y díganle a esos vikingos que ustedes son mejores que ellos". Porque este es atleti, y si hoy también que se enteren los vikingos de quien manda en la capital. 

El año que viene volveremos y ya lo saben "Si se cree y se trabaja se puede". 

lunes, 24 de marzo de 2014

Sobre la inmigración.

Todos conocemos los hechos que se han producido en las últimas semanas en Melilla, nos hemos hecho eco del incesante flujo de inmigrantes que entran en nuestro país, hemos escuchado los enfrentamientos que existen entre aquellos que defienden la entrada libre de estos, y también de quienes se oponen.


Lo fácil es sin duda decir que tenemos que actuar en beneficio de nuestros semejantes, que debemos ayudarles, tenderles la mano, tener empatía y entender su situación, claro que eso es lo fácil, es más sencillo resguardarse en las utopías idealizadas que a todo el mundo gustan, en definitiva, es lo más humano o sino cómo vamos a reaccionar al ver que para estas personas cruzar la frontera significa el mayor de los regalos, el más preciados de los bienes.


Pero la realidad como de costumbre  dista mucho de la utopía , no les culpo ni les exculpo porque no hay nada que exculpar, son víctimas, auténticos sufridores del sistema, que les da igual dejarse la vida intentando saltar una valla o cruzando a nado, si ello significa poder entrar en España, pisar suelo Europeo como si de una panacea se tratase, pobres ilusos. 


Somos un país pequeño, de a penas cuarenta y siete millones de habitantes, sumidos en una de las crisis más catastróficas de la historia, saliendo (o eso nos quieren hacer ver) poco a poco de una recesión económica, no es egocentrismo ni egoísmo, no es por falta de solidaridad, pero no somos quienes para hacer frente a ese gran número de valientes que se atreven a entrar.


Las desigualdades entre Europa y África son un grave problema, que nosotros mismos hemos fomentado y que nos interesa, económicamente hablando que continúen, pero acaso ¿no las han fomentado también Bélgica, Inglaterra o Alemania?


La Unión Europea nos sanciona si las autoridades emplean la "violencia" para frenar su entrada, nos miran mal si nos les abrimos la puerta y dejamos entrar a todo el que quiera, pero en cambio, ellos imponen restricciones mucho más duras a los inmigrantes y en Europa crece la representación de los partidos de extrema derecha en los parlamentos, quizá pero sólo quizá, se hayan dejado envolver una vez más por la hipocresía, nadie quiere hacer frente a este problema y eso es evidente.


Aunque en realidad la inmigración no es un problema sino un síntoma, una clara muestra de a lo qué nos conduce poco a poco este sistema político y económico, que fomenta la competitividad y mata cualquier sentimiento de generosidad, y es algo que implica a todos, no solo a España, también a aquellos que por razones geográficas no tienen fronteras agolpadas por inmigrantes.


Pero esto es aspirar demasiado alto, es pensar en metas que no son tangibles y que hoy en día por desgracia atentan contra la lógica, pero mientras tanto, deberíamos dejar a un lado la xenofobia y el racismo y en cambio comenzar a pensar qué responsabilidad tenemos nosotros mismos, fomentar la empatía y la igualdad y sobre todo creer en las personas o al menos intentarlo. 




martes, 10 de diciembre de 2013

Nuevo Ciclo

Queridos lectores (aunque sabemos que no sois muchos):

Queríamos informaros de un cambio en el blog. Los más eternos os habréis fijado en que hablo en plural y es que ahora este espacio estará escrito a cuatro manos, con la incorporación de Gema Ruiz


La temática del blog también varía, ya que, como habéis podido observar, en las últimas semanas se han dejado un poco de lado esos relatos para centrarnos en un nuevo formato más cercano al ensayo literario, pero como no se deben ignorar los orígenes, es probable que volvamos a ese género en alguna ocasión. Finalmente, os queríamos comunicar que existirán debates e incluso réplicas de una entrada a otra, escrita por diferentes contribuyentes, así como agradeceros vuestra atención. Esperamos que disfrutéis, y os animéis a dejar vuestras opiniones.

Muchas gracias.

sábado, 9 de noviembre de 2013

¿Existe la libertad?


Muchos nos habremos hecho esta pregunta en alguna ocasión, y encontrar una respuesta absoluta, es enormemente complicado. La libertad según nos cuentan es la capacidad que tenemos para dirigir nuestra conducta y las decisiones que tomamos sobre qué hacer serían la realización de ésta, los biólogos opinan que es una de las principales características que nos distinguen de los animales, debido a que según ha determinado la ciencia éstos no actúan premeditadamente, sino instintivamente. Los filósofos, prácticamente de una forma unánime creen que la libertad es un aspecto inherente al ser humano, y que todos contamos con ella, aunque muchos de ellos, en especial los filósofos más recientes, han tratado de desentrañar cuáles son los límites de nuestra libertad, determinando que a pesar de que el ser humano puede actuar deliberadamente, sus actos siempre tendrán una consecuencia concreta. En mi opinión esta última es la conclusión más correcta a la que se ha llegado, el ser humano es libre en su plenitud, pero debería ser considerado prácticamente como regla natural, que todo lo que realizamos en el presente, tendrá un resultado más fuerte o más débil en el futuro. Por tanto nuestro mañana está directamente ligado a nuestro ahora. Hay muchos ejemplos de cómo lo que hoy decidimos tendrá un efecto en lo que nos ocurra, desde las acciones más simples y cotidianas, hasta las que más quebraderos de cabeza nos dan y más nos cuesta tomar.


Por tanto, determinamos que la libertad existe, y que todos contamos con ella, pero que en cambio, todo lo que hacemos tiene unas consecuencias. Seguramente a más de uno le resulte familiar la oración: “Para que el hombre sea libre, deben de existir las cárceles”; lo cual es algo paradójico, pero con mucho sentido, ya que, puede ocurrir que nosotros queramos realizar algo que nos resulte plenamente beneficioso, pero en cambio simultáneamente podemos limitar la libertad de nuestro semejante, por esa razón la sociedad y cada individuo en concreto, debe conocer que el bien común está por encima de los intereses personales, aunque en ocasiones nos resulte prácticamente imposible, y por este motivo existan numerosos casos en los cuales se atenta contra la libertad tanto colectiva como individual, pero no debemos permitir que se vulnere nuestra autonomía, somos seres libres, contamos con esa asombrosa capacidad, de la cual no conocemos su origen, pero si conocemos cómo deberíamos utilizar, hacia donde guiar nuestros actos, teniendo en cuenta nuestro provecho, pero también el de los demás, no debemos violar, ni limitar la libertad de nadie, cada uno cuenta la particularidad de actuar según convenga, y nadie, debería quebrantar dicha afirmación, por muy utópico que parezca. 

jueves, 7 de noviembre de 2013

Ingeniería Genética.


Einstein dijo: “Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana, y de la primera no estoy completamente seguro”
Y que razón llevaba ¿verdad? Que estúpidos somos, algunos se quejarán diciendo que no los incluya, pero puede que precisamente esos sean los representantes más fieles de dicho colectivo, o al menos, que estén ciegos o no quieran admitir la realidad.

Bueno y ¿por qué escribo esto? Difícil pregunta, no por la complejidad a la hora de responderla, sino porque no sé muy bien por dónde empezar y cómo sintetizarlo.

Para mi el ejemplo más claro de la estupidez humana, no es otro, que el uso que le damos a los avances de la humanidad. Me refiero a inventos tan antiguos, allá por el Paleolítico, como el control sobre el fuego hasta otros tan recientes como  la dinamita o internet.
Porque si analizamos  el fuego, sí no hay duda de que es un invento básico para mejorar la calidad de vida humana, para permitirnos cocinar, calentarnos etc.  Pero curiosamente también sirvió para quemar en la hoguera a Miguel Servet, o para provocar incendios en parajes naturales dignos de admirar, o un caso aún más claro el de la dinamita, a priori un invento genial para facilitar la extracción de minerales, pero ¿y el uso qué le hemos dado? ¿Cómo podemos convertir un hito en el conocimiento científico en un potente arma de destrucción? No hay mejor respuesta que la que nos otorga Einstein: la estupidez humana es infinita.

Para los que aún permanezcan escépticos, quizás algo más reciente en la línea del tiempo sirva para abrirles los ojos, hablo de Internet, algo que en poco tiempo se ha convertido en  indispensable en nuestras vidas, a diario millones de personas acceden a la red para compartir datos, conversar con allegados, escuchar música… Pero ¿y qué me dicen de los nuevos delitos informáticos?  Suplantaciones de personalidad, estafas cibernéticas o incluso de las nuevos método de acoso. Vale, esto puede que se de en un pequeño porcentaje, ¿y la dependencia, o más bien adicción que poco a poco hemos ido desarrollando? Hoy en día, cuando caminamos por una calle concurrida, si somos algo observadores no tardaremos mucho tiempo en darnos cuenta de que pocos son los que caminan sin un smartphone en la mano, ya sea para comunicarse, consultar noticias etc. Hasta tal punto que no podemos vivir sin ello, nos sentimos desnudos sino tenemos acceso a internet por un periodo de tiempo, por muy corto que sea éste.


¿Y  a qué quiero llegar con todo esto? A hablarles, del avance que en no muchos años será una gran revolución, el poder controlar los genes, ya hay proyectos en marcha que prácticamente han conseguido modificar genes. Es un logro impresionante, y en éso estamos todos de acuerdo, pero ¿y sí hacemos lo que con los inventos anteriores? ¿y sí le damos un mal uso? Esto es algo mucho más serio, quiero decir, no es lo mismo decidir las características de una persona o modificarlas, que estar enganchado a un aparatito electrónico, si le damos un mal uso a la ingeniería genética, apaga y vámonos. No creo que como algunos lo definen estemos jugando a ser Dios, creo que si la utilizamos para conseguir que una persona, no nazca con una disfunción visual, o para patologías similares, es algo maravilloso, un avance médico impresionante, pero ya digo: ¿y sí nos volvemos a equivocar o al menos, se equivocan unos pocos? No soy capaz de imaginar siquiera como puede acabar la sociedad, de verdad, no lo asimilo. Creo que sería algo tan grave, que podría ocasionar conflictos a escala global, y no me refiero únicamente a conflictos morales, por ello, quizás allá que saber hasta que punto debemos investigar, y en que momento debemos frenarnos los pies a nosotros mismos, no porque la ignorancia sea buena, ni tampoco porque el afán por conocer y aprender haya que pararlo, sino porque, y termino como he empezado, somos estúpidos, en todo el ámbito de la palabra, y esto ya son palabras mayores.